La vuelta de la democracia despertó muchas ilusiones y ansias de renovación institucional. Había que hacer borrón y cuenta nueva con el pasado. Del peronismo y de la UCR -los protagonistas centrales del duelo del 30 de octubre de 1983- provinieron las primeras iniciativas que procuraban remodelar la Constitución de 1907. Esta fue reemplazada por la de 1949, por algunos años.
Tras el derrocamiento del régimen peronista, la Carta Magna de 1907 volvió a reglar la vida de los tucumanos hasta 1991.
Entre diciembre del 83 y enero de 1984, el peronista Jesús María Martínez y el radical Carlos Muiño presentaron sendos proyectos de cambios constitucionales en Diputados.
En la comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara se aprobó un dictamen unificando las propuestas de Martínez y Muiño. El bipartidismo se mostraba sólido ante la opinión pública. Lo que se pactaba, se cumplía.
La elección del gobernador por voto directo, la creación del cargo de vicegobernador y la supresión del Colegio Electoral figuraban entre las innovaciones. Advertían que Mendoza, Entre Ríos y Santiago del Estero proporcionaban precedentes de remozamiento .
Desprestigio de décadas
La institución del Colegio Electoral venía teñida de desprestigio y había sido más de una vez el eje de escándalos cívicos. Muiño y Martínez entendían que era una institución anacrónica que no tenía justificativo.
Al analizar el trasfondo ideológico del Colegio Electoral, Humberto Quiroga Lavié escribió años después que la elección indirecta se mantenía como rezago del pasado, en tiempos en que no se le tenía confianza a la capacidad del pueblo para elegir a sus gobernantes
. De ese modo, reflexionó en la "Constitución argentina comentada" editada por Zavalía-Ediar, en Buenos Aires, 1996. De la Constitución Nacional de 1994 salió el Colegio Electoral.
Un freno temporario
En la sesión de Diputados del 15 de diciembre de 1984, el radical Muiño alegó que la de 1907 tenía la característica de ser un instrumento que se compadecía con sus intereses de clase. De esa manera, reflotaba la vieja lucha entre radicales y conservadores. Martínez, en tanto, aseveró que las leyes fundamentales envejecen.
Al día siguiente, se suscitó una disidencia que sacudió la modorra. "Los tratadistas que he consultado coinciden en incluir la posibilidad de la reelección", sorprendió el peronista néstor Varela, cuando se discutía el texto referido al mandato del gobernador. "
La moción no es aceptada por la comisión. Hemos leído la otra mitad de la biblioteca en el sentido de que es saludable el interregno entre mandato y mandato", retrucó Muiño. Varela, finalmente, desistió de su propósito. La reelección debió esperar hasta 2006.
En noviembre de 1984 pasó a revisión de la Cámara Alta. La tirantez y los intereses encontrados de diputados y senadores dilataron el tratamiento de la media sanción del proyecto. En el mundillo político se tildaba de grasas a los diputados y de lores a los senadores. Era evidente la pesadez del sistema bicameral y su descrédito.
La comisión de Asuntos Constitucionales del Senado decidió el 8 de noviembre de 1987 que la reforma de la Constitución debía ser total y no parcial, como propiciaba Diputados.
Carlos Meschwitz (UCR) adujo que los convencionales debían tener amplitud para legislar, en tanto que Ricardo Maturana (PJ) habló de adecuar la Constitución a la realidad de los nuevos tiempos. El 20 de ese mes, el Senado dio media sanción a la ley de reforma total y le pasó la pelota a la otra cámara. Diputados no tuvo más remedio que convertirla en ley. Los senadores trataron el asunto tras 48 meses y 11 días, se quejó Alfredo Terraf (UCR).
Bipartidismo, en crisis
El gobernador José Domato promulgó la ley de reforma total el 30 de marzo de 1988. Al mismo tiempo, por otra norma declaraba en estado de extensa y profunda emergencia la situación financiera de la provincia.
El capítulo institucional cerraba así, mientras una tercera organización capitalizaba el agravamiento de la crisis socioeconómica.
La hiperinflación de 1989 había problematizado a la democracia. El radicalismo perdió las elecciones frente a Carlos Menem, pero el triunfo del PJ a nivel nacional no blindó al gobierno de Domato. Así fue como Fuerza Republicana obtenía 33 de los 60 convencionales en la elección de noviembre. El bussismo perforó el bipartipartidismo.